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Los Errores Más Habituales en Carteras de Propiedad Industrial de Empresas en Crecimiento

A medida que una empresa crece, sus activos intangibles empiezan a tener un peso cada vez mayor en el valor del negocio. Marcas, software, diseños, dominios, contenidos, bases de datos, licencias, know-how y, cada vez más, activos creados o asistidos mediante inteligencia artificial.

 

Sin embargo, muchas compañías siguen gestionando su propiedad industrial e intelectual de forma reactiva. Protegen la marca cuando aparece un conflicto, revisan los contratos cuando entra un inversor, documentan los activos cuando se inicia una due diligence o analizan el uso de inteligencia artificial cuando ya forma parte del día a día de los equipos.

 

Estos son algunos de los errores más habituales:

 

1. No ordenar la cartera de activos desde una visión estratégica:

 

Uno de los errores más frecuentes es tratar cada activo de forma aislada. Una marca se registra por un lado, el dominio lo gestiona un proveedor, las redes sociales las creó un antiguo empleado, el software lo desarrolló un freelance, las licencias están dispersas en distintos contratos y los materiales comerciales se han ido generando sin una trazabilidad clara.

 

En fases iniciales esto puede parecer operativo y suficiente. El problema aparece cuando la empresa crece, entra en nuevos mercados, levanta una ronda, adquiere otra compañía, lanza nuevas líneas de negocio o se enfrenta a un conflicto con un tercero.

 

Una cartera de propiedad industrial e intelectual no debería limitarse a “tener marcas registradas”. Debe permitir saber qué activos tiene la empresa, quién es su titular, en qué territorios están protegidos, qué contratos los regulan, qué licencias existen, qué dominios y perfiles digitales son estratégicos, qué riesgos de infracción hay y qué mecanismos de vigilancia o enforcement están activados.

 

En este contexto, cada vez resulta más útil realizar ejercicios de IP portfolio governance, especialmente en grupos o compañías con carteras amplias. Este tipo de revisión permite ordenar marcas, dominios, licencias, activos digitales, contratos, usos comerciales y criterios de enforcement, alineando la cartera con la estrategia real del negocio.

 

2. No revisar los activos creados o asistidos con IA:

 

La inteligencia artificial generativa está cambiando la forma en que las empresas crean y explotan activos. Hoy es habitual que equipos de marketing, producto, diseño, comunicación, desarrollo o negocio utilicen herramientas de IA para generar textos, imágenes, vídeos, código, avatares, voces sintéticas, campañas publicitarias, materiales formativos o documentación comercial.

 

El error está en asumir que todo lo generado con IA pertenece automáticamente a la empresa y puede utilizarse sin limitaciones.

 

En la práctica, conviene revisar qué herramienta se ha utilizado, qué condiciones de uso aplica, si se han introducido datos confidenciales o activos de terceros, si ha existido intervención humana suficiente, si el resultado puede protegerse, si puede explotarse comercialmente y si existen riesgos de infracción de derechos de propiedad intelectual, derechos de imagen, voz, marca o competencia desleal.

 

Este análisis es especialmente relevante en campañas creadas o asistidas con IA, uso de avatares, clonaciones de voz, deepfakes, generación de imágenes de producto, recreación de estilos visuales, creación de personajes o uso de activos de marca dentro de herramientas de IA.

 

Por ello, el legal clearance de campañas y contenidos generados o asistidos con IA empieza a ser una revisión necesaria antes de lanzar materiales al mercado, especialmente cuando existe inversión publicitaria, exposición pública o uso de imagen, voz o identidad de personas reales.

 

3. No adaptar los contratos al uso real de IA generativa:

 

Otro error habitual es utilizar contratos pensados para servicios creativos, tecnológicos o publicitarios tradicionales, sin adaptarlos al uso de herramientas de IA.

 

Si una agencia, proveedor tecnológico, freelance o equipo externo utiliza IA generativa para prestar el servicio, el contrato debería regularlo expresamente. No basta con una cláusula genérica de propiedad intelectual.

 

Es recomendable definir si el proveedor puede utilizar IA, qué herramientas están permitidas, qué información no puede introducirse, quién responde por los outputs, qué garantías se dan sobre originalidad y no infracción, cómo se documenta el proceso creativo, qué ocurre con prompts, versiones intermedias y materiales generados, y qué derechos adquiere realmente el cliente sobre los entregables.

 

También conviene regular usos sensibles como avatares, clonación de voz, deepfakes, recreación de imagen personal, uso de marcas en entornos de IA, entrenamiento de modelos, reutilización de materiales del cliente y conservación de inputs y outputs.

 

Adaptar los contratos al uso de IA no es solo una cuestión de cumplimiento normativo. Es una forma de proteger la titularidad, controlar riesgos reputacionales y evitar que activos estratégicos de la empresa se utilicen de forma poco controlada.

 

4. No proteger adecuadamente el know-how:

 

No todos los activos valiosos se registran. En muchos casos, lo realmente diferencial es información interna, criterios de decisión, procesos, metodologías, datos, modelos comerciales, documentación técnica o conocimiento acumulado.

 

Para que esa información pueda protegerse, la empresa debe poder acreditar que ha adoptado medidas razonables para mantenerla reservada. Esto exige contratos de confidencialidad, políticas internas, controles de acceso, restricciones documentales y protocolos de seguridad.

 

La IA añade una capa adicional de riesgo. Si empleados o proveedores introducen información confidencial en herramientas externas sin control, puede perderse la trazabilidad y comprometerse la protección de activos internos. Por eso, las políticas de uso de IA deben coordinarse con la estrategia de protección de secretos empresariales.

 

5. Esperar a la due diligence para ordenar la cartera:

 

Muchos de estos problemas se detectan tarde, normalmente durante una ronda de inversión, una compraventa, una auditoría interna o un conflicto.

 

En ese momento, lo que podría haberse resuelto con una revisión preventiva se convierte en una contingencia, una condición de cierre, una rebaja de valoración o una negociación urgente.

 

Una marca mal protegida, un software sin cesión clara, una campaña generada con IA sin garantías, una licencia no revisada, un dominio fuera del control de la empresa o un secreto empresarial mal documentado pueden afectar directamente al valor del negocio.

 

Conclusión

 

Las empresas en crecimiento generan activos a gran velocidad. El reto no es solo crearlos, sino protegerlos, documentarlos y gobernarlos correctamente.

 

Ordenar la cartera de propiedad industrial e intelectual, adaptar los contratos al uso de IA generativa, revisar campañas creadas o asistidas con IA, proteger activos de marca en nuevas herramientas tecnológicas y establecer criterios claros de IP governance permite reducir riesgos y preservar valor.

 

En un entorno donde la IA acelera la creación de contenidos, productos y activos digitales, la protección de la propiedad industrial e intelectual debe evolucionar al mismo ritmo.

 

Desde Delvy podemos ayudaros a revisar, ordenar y proteger vuestra cartera de propiedad industrial e intelectual, así como a adaptar vuestros contratos, políticas internas y procesos al uso de herramientas de inteligencia artificial, para que la innovación avance con mayor seguridad jurídica y sin perder el control sobre los activos estratégicos de la compañía.

 

Aina Rabell – Intellectual Property Manager

 

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